Este 4 de agosto LA GACETA cumplió 114 años de conversación ininterrumpida con los tucumanos. No deseo recordar este aniversario solamente con una salutación, sino con un testimonio personal de gratitud. Durante mis años como fiscal y juez de Instrucción debí intervenir en causas complejas, investigar hechos graves y enfrentar amenazas que alcanzaron también a mi familia y a quienes trabajaban conmigo. En aquellos momentos comprendí que una prensa independiente puede cumplir una misión que va más allá de informar. LA GACETA, por medio de periodistas valientes -muchos de ellos entrañables amigos que me acompañaron a lo largo de los años- dio a conocer investigaciones, antecedentes y amenazas que podían haber quedado ocultos detrás del miedo o del silencio. Aquellas publicaciones, muchas veces destacadas en sus primeras planas, resultaron fundamentales. Cuando una amenaza se hace pública, deja de pertenecer exclusivamente a las sombras. La sociedad se convierte en testigo y quien se encuentra amenazado deja de estar completamente solo. Por eso puedo afirmar, desde mi propia experiencia, que la libertad de prensa no es una formulación abstracta. En determinadas circunstancias, informar con responsabilidad también significa proteger. La palabra publicada puede convertirse en una custodia moral y, algunas veces, en una verdadera defensa de la vida. LA GACETA ha contado durante más de un siglo la historia de Tucumán, pero también ha participado activamente en ella: registrando sus luchas, preservando su memoria y dando voz a quienes necesitaban ser escuchados. En este nuevo aniversario, mi reconocimiento a sus directivos, periodistas, fotógrafos, colaboradores y trabajadores. Y, especialmente, mi gratitud a quienes, en tiempos difíciles de mi vida pública, tuvieron el coraje de no mirar hacia otro lado. Gracias, LA GACETA, por estos 114 años de periodismo y por demostrar que la verdad, cuando encuentra una voz valiente, también puede proteger la vida.

Jorge Bernabé Lobo Aragón

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